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Las descarnadas palabras de una madre que demuestran por qué el segundo hijo es “peor” que el primero

Su carta no ha dejado indiferente a nadie.

Una realista carta no ha dejado indiferente a ninguna mujer en redes sociales. Se trata de un texto escrito por Victoria Infante, una madre de dos hijos quien demuestra por qué los segundos hijos son más complicados que los primeros.

La mujer indica, entre otras cosas, que “luego del nacimiento de mi segundo hijo me quedó claro que mi primogénito, con todo y lo insufrible que es en ocasiones, es un pan de dios comparado con el miniterremoto que ahora me trae de cabeza. Mi hijo menor me saca de quicio, me reta, me ignora, me confronta, me baila en la cabeza”, consignó Babycenter.com.

Añade que “Ya sé que mal de muchos consuelo de tontos, pero he hablado con otros papás y me han contado exactamente lo mismo. Sus primeros hijos o hijas han sido de lo más lindos y llevaderos. Los segundos hijos vienen a “romper” esa poca o mucha armonía que existía en la familia.

 ¿Te sientes identificada?

Lee la carta completa a continuación:

“Conforme mi hijo mayor fue creciendo, fueron aumentando de tono sus berrinches y pataletas. “Tengo que darle castigos ejemplares”, pensé. Entonces le pregunté a su maestro de la guardería que cómo solía disciplinarlo para hacer lo mismo yo en casa. La respuesta me dejó atónita.

“Nunca lo he castigado; nunca ha habido necesidad. Tu hijo siempre se porta bien, es muy obediente”, me dijo.

“¿Será que se confundió de niño?”, pensé. Pero no, el mismo instructor me dio la respuesta. “Los niños se portan de una manera en la escuela y de otra en casa; nunca son los mismos”.

Esto es obvio. En ninguna parte se sienten tan en confianza como con su familia, con sus padres, sus hermanos. Digamos que tienen algo de doble cara en ese sentido.

Sin embargo, luego del nacimiento de mi segundo hijo me quedó claro que mi primogénito, con todo y lo insufrible que es en ocasiones, es un pan de dios comparado con el miniterremoto que ahora me trae de cabeza. Mi hijo menor me saca de quicio, me reta, me ignora, me confronta, me baila en la cabeza.

Ya sé que mal de muchos consuelo de tontos, pero he hablado con otros papás y me han contado exactamente lo mismo. Sus primeros hijos o hijas han sido de lo más lindos y llevaderos. Los segundos hijos vienen a “romper” esa poca o mucha armonía que existía en la familia.

En mi caso, Jorge Mario –el miniterremoto– ha hecho lo que nunca hizo el hermano mayor, pintó los muebles, las pareces, rompió libros, juguetes, trastos, adornos de la casa. Pero lo que más me preocupa es que todos los días que voy por él a la guardería encuentro rastros de llanto en su carita.

“Es que le pegó a otro niño”, “Es que le quitó un juguete a un compañero”, “Es que no quería dejar el arenero para entrar al salón de clases y lo tuvimos que obligar”. Son las quejas diarias de las maestras.

Hace unos días lo vi en acción hacer una “fechoría”. Cuando un niño se tardó en el bebedero para tomar agua, Jorge se impacientó y comenzó a aventarlo. Le llamé la atención y le dije que esperara su turno.

Sé que dirán que no debo comparar a mis hijos, pero todas las madres lo hacemos; no tiene nada de malo, es simplemente reconocer que son distintos y que necesitan trato y maneras de disciplinar diferentes. Con Jorge tengo que ser más severa, pero porque su actitud en general es más bélica: “¿No me lo das?, pues te lo quito”, “¿Me pegas?, pues te pego más fuerte”. “¿Me haces algo que me molesta?, pues te agredo”.

Eso le ha ocasionado muchos problemas en su cortita vida. Pero, según su pediatra, esta etapa, los terribles dos, es en la que los niños aprenden para siempre –o para nunca– las reglas de socialización. Es en este momento cuando deben aprender a controlar su temperamento, a respetar reglas, a seguir directrices.

¿Quisiera que mis dos hijos fueran iguales? No, no quiero que sean iguales. Amo sus diferencias, amo sus temperamentos, amo los matices de sus formas de ser. Los dos me enseñan todos los días formas distintas de ver el mundo.

Es como si me dijeran, “¿Qué sabor prefieres, fresa o chocolate?”. Me encantan los dos, así es que sírvanmelos juntos. Si no, no quiero nada”.

 

Fuente: Babycenter.com

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