Los beneficios de las Flores de Bach en los niños

Hasta hace algún tiempo, hablar del uso de terapias complementarias para tratamientos clínicos era casi impensado. Es más, muchos las asociaban a curanderos o chamanes.

Sin embargo, en el último tiempo se ha validado y masificado el uso de flores de Bach para acompañar los procesos psicoterapéuticos, transformándose en una eficaz herramienta de apoyo para el trabajo con las emociones, base de muchos de los problemas y enfermedades de los seres humanos.

“Las esencias florales sirven como verdaderos catalizadores del proceso psicoterapéutico, ya que permiten que el paciente pueda ir avanzando en el proceso más rápidamente y con menos angustia y emocionalidad negativa asociada a ir descubriendo aspectos de sí mismo rechazados y/o que le generan malestar subjetivo”, comenta el docente del Diplomado en Psicología Transpersonal: Psicodinámicas Florales y Astrológicas de la Universidad del Pacífico, Juan Carlos Saumont.

El especialista explica que el uso de este tipo de terapias es más habitual en casos de trastornos de ansiedad, depresión y estrés. “Hay algunos pacientes que consultan para trabajar aspectos de su personalidad, ya que han emergido ciertos límites en la construcción de sí mismos que tenían armada y requieren flexibilizarla, para lo cual los florales también ayudan”, agrega el especialista.

En el segmento infantil, su uso más frecuente es para casos de hiperactividad, impulsividad y problemas de aprendizaje. “En el caso de los niños y adolescentes, el apoyo de la terapia floral es más clave, ya que en ocasiones no tienen los recursos psicológicos necesarios para hacer frente a ciertos problemas que viven en su vida diaria y que los superan. La terapia floral apoya en ir generando esos recursos internos de una manera muy fluida y contenedora con el sentir de los niños y adolescentes”, señala Saumont.

Ahora, ¿qué tan rápido actúan las flores de Bach? El psicólogo indica que “la facilidad o no en el avance depende del nivel de implicación de la persona en su propio proceso terapéutico, en el sentido de darse cuenta de que su actitud ante la vida, que ha construido por influencias familiares y/o sociales, forma parte de la problemática de la cual sufre, es decir, es capaz de responsabilizarse por lo que le pasa y no le echa la culpa de lo que le sucede a otros”.

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