Discusiones cotidianas que tendrás con tu pareja cuando seas madre

Con la luz que solo arroja el paso del tiempo, las discusiones que tenías con tu pareja antes de ser padre ahora te parecerán  triviales. Que si quedamos más con tus amigos que con los míos, que si ya no me llevas a sitios románticos, que si yo quiero ir a la playa y tú a la montaña… ¡Bendito problema!

Y es que cuando se es padre, el foco de las discusiones de pareja cambia completamente: ahora se centran en aspectos de vital importancia y dirimen quién de los dos va a poder  dormir, ducharse, comer tranquilamente o tener aunque sea un segundo para oírse a uno mismo pensar.

Te toca levantarte a ti

Probablemente la madre de todas las discusiones paternas: a quién le toca levantarse cuando el bebé se despierta por la noche. “Cariño yo mañana tengo una reunión importante”, “Ya, pero es la tercera vez que me levanto yo” “Pero tú le das el desayuno y duermo 10 minutos más” es la rápida negociación que puede tener lugar en los 10 segundos posteriores a oír llorar a tu pequeño desde su habitación.

Contigo come mejor

Un halago con muy malas intenciones. Así que cuando se trata de comer tranquilo, todo vale. Porque por muy bien que coma un niño, por muy divertido que llegue a ser, de vez en cuando lo único que quieres es  que tu comida no esté fría cuando por fin le hinques el diente.

Esa caca lleva tu nombre

Lo de cambiar pañales es algo que al principio se lleva sin problema, pero a medida que el bebé empieza a comer como un adulto, sus deposiciones empiezan a ser más… “compactas”. Así que en cuanto vemos que empieza a hacer fuerza, comienza el “baile” de a quién le toca abrir el paquete sorpresa. Más de un padre lleva una cuenta interna de cuántos pañales ha cambiado y siempre cree que son más que los que ha cambiado su pareja.

No le des eso de comer todavía

Por increíble que parezca, es posible que los dos padres sean “irresponsables” con la alimentación del bebé y se recriminen mutuamente cosas ignorando sus propios deslices. “¿No es muy pronto para darle jamón?” – “¡Pero si ayer le diste una cucharada de tus natillas!” – “¡Es que me las pedía a gritos” – “¡Pues a mí me pone ojitos cuando me ve cortar jamón!”. Y así hasta el infinito.

Necesito una ducha

Cuando eres padre, no hay momento que más atesoras que el tiempo que pasas en la ducha. Agua caliente y la imposibilidad de atender las necesidades de tu pequeño; hasta sus llantos, si los hay, se mitigan con el correr del agua.

Es por ello que ducharse es la moneda de cambio más preciada. No descartes discutir sobre quién de los dos huele peor o tiene el pelo más sucio, o acabar con el pequeño en la bañera porque si no, no hay manera.

¡Pero cómo le vistes así!

Es probable que uno de los dos miembros de la pareja tenga más gusto para vestir, aunque vale con que simplemente crea que así sea para horrorizarse cada vez que el otro le pone el conjunto inadecuado para la ocasión o no combina los colores o las texturas adecuadamente. ¿No ves que ese lazo que le has puesto en el pelo no pega con el resto?

Me pido la siesta

Normalmente, los bebés tienen la buena costumbre de dormir la siesta, momento en el que los padres aprovechamos para hacer lo propio. Sin embargo, cuando por algún motivo el peque se la salta, es el momento de que los padres jueguen al “quién está más cansado” para ver quién es el “afortunado” se queda a cuidarle mientras el otro se lanza a los brazos de Morfeo.

No hemos puesto la lavadora

O no hemos fregado los platos, o no hemos limpiado la casa, o no hemos hecho la compra… De repente, a los padres nos entra un fervor por los plurales mayestáticos cuando se trata de hacer notar al otro que no hay de nada en la nevera y ni una cuchara limpia para darle la papilla al bebé. El equilibrio perfecto entre lo duro que es admitir que no lo ha hecho uno mismo y la desfachatez de decirle al otro que tampoco lo ha hecho.

Tu madre/padre podría guardarse sus opiniones

Ay, los abuelos. No podríamos vivir sin ellos, pero hay veces que preferirías que se guardaran un poco sus opiniones, y en especial, las de tus suegros. Perlas clásicas como “esta niña lo que tiene es hambre, ¿seguro que tu leche es buena?”, “¿Por qué no le mojas el biberón en leche condensada?” o “Ay, ay, si le das comida sin triturar se va a atragantar” que implican un respingo inmediato del padre correspondiente.

Al final es tomarse la vida con humor y ser mutuamente comprensivos: criar a un hijo es cosa de dos y, además, aunque ahora dé pereza, dentro de 10 años darías la vida por volver a acunar a tu bebé, darle de comer ¡y hasta cambiarle un pañal!

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